Quiero escribir un poco sobre las y los venezolanos en Chile…
“Pagan el IVA, declaran rentas y forman empresas. Esas son las características de la mayor parte de los venezolanos residenciados en Chile desde 2017. De acuerdo con el informe del Servicio de Impuestos Internos (SII) de Chile, en 2024 se destacaron como el grupo de inmigrantes que más cumple sus obligaciones tributarias” (Cardona, 2025[1]; p. 1).
A pesar de que resultados de una encuesta de percepción ciudadana realizada por el Centro de Estudios Públicos[2] (2023), muestra que el 35 % de los encuestados (población chilena), está de acuerdo o muy de acuerdo con que los migrantes son un aporte para la economía de Chile, un estudio llevado a cabo por ONU MIGRACIÓN[3] (2023), destaca que, en 2022, el impacto fiscal de la migración venezolana ascendió a USD $409,7 millones.
Nótese que ni siquiera la mitad de los encuestados advierte a los migrantes como un aporte a la economía, quedando demostrado que la percepción ciudadana no necesariamente se asocia con datos reales.
Además de lo anterior, vale resaltar que el 79 % de la población migrante venezolana se encuentra trabajando; un 51,2 % cuenta con niveles educativos superiores a la educación media chilena, aunque solo un 36,9 % ejerce su profesión. El resto de esa población con estudios superiores (63,1 %) que no se dedica a su profesión, se dedica al emprendimiento y a empleos de otra índole bajo lógicas de subordinación.
Un estudio de Activa Knowledge For Action[4] (2025), evidencia que: “Las nacionalidades por las cuales los chilenos sienten mayor prejuicio son: venezolanos (85,2%), colombianos (79,4), dominicanos (76,1%) y haitianos (75,8%)”. Otro estudio, esta vez, de la Corporación 3xi[5] (2025), muestra que el 68 % de los entrevistados (población chilena), creen que los migrantes son un problema.

Llama la atención la existencia de venezolanos profesionales como médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, docentes (entre tantas otras profesiones y oficios), aportando a Chile, a las instituciones a las que sirven, a comunidades enteras. Muchos emprendedores, como ya se ha destacado antes, que ofrecen empleo a otros migrantes (de distintas nacionalidades, en solidaridad con las y los migrantes), pero también dando empleo a muchos chilenos y chilenas.
Hay casos de venezolanos(as) donantes de órganos[6], casos de venezolanos(as) que han salvado vidas en Chile (a chilenos[as])[7], casos de venezolanos(as) que han ocupado roles y funciones de influencia en distintas organizaciones e instituciones, sirviendo a otros y otras, indistintamente de la nacionalidad, procedencia, sexo, edad, etc.
Estos datos no niegan la existencia de quienes han delinquido, para nada. Estoy más que consciente de que, así como hay quienes han venido a contribuir, también hay quienes han infringido la ley, y han desaprovechado las oportunidades recibidas, dañando a alguien más. No intento lavar la cara a un problema que está allí en el tapete.
Pero la verdad es que, aunque no quería pronunciarme, y aunque he intentado mantenerme en silencio, lo cierto es que, siento que necesito tan solo expresarlo. A mi hijo varón, en la escuela, un ‘compañero’ de clases, sí, un ‘compañero’, porque así es que le llaman, generando una barrera, detentando una brecha que parecería ser insalvable, le llamó ‘venezolano muerto de hambre’.
A mi hija, una docente le dijo que no le podía entregar los libros del MINEDUC, porque no alcanzaría para los niños chilenos. A mí, ya cuántas cosas no me han dicho. Uno respira profundo, se arremanga, cuenta hasta cien mil (ya he perdido la cuenta), e intenta seguir.
Créanme. A pesar de que el frío intenso del invierno es lo único que no me gusta de Chile, tanto mi familia como yo, le estamos muy agradecidos a este país. Acá hemos reconstituido nuestros proyectos familiares, hemos conocido a gente muy linda, nuestros hijos se han insertado en la cotidianidad social, estudian, aprenden, hacen su vida en este lugar.
De hecho, cuando por bromear les pregunto si quieren mudarse a Venezuela de nuevo, me dicen que no. Porque uno va aprendiendo a amar el lugar y a la gente.
Así las cosas, intentamos sumar en el lugar en el que estamos, nos esforzamos para aportar sustantivamente a este país en aquello a los que nos dedicamos, inculcamos a nuestros hijos el respeto por las y los otros, por la cultura nacional, por los modos de ser de las y los chilenos, a ser agradecidos (no lambiscones), a valorar lo que somos, y a poner en práctica aquello que aprendimos de nuestros padres y abuelos en nuestra tierra ya lejana: el amor al trabajo, el esfuerzo sostenido, la honradez y la honestidad hasta sus últimas consecuencias, y el pánico a la flojera y la falta de iniciativa.
Pagamos hasta el último de nuestros impuestos, estamos al día, no debemos ni un solo peso a ninguna entidad estatal o empresa privada. Somos cautelosos con nuestras cuentas y deberes. Toda mi familia tiene ingreso regular en Chile, y, además de ello, con residencia definitiva. Y, ¿qué tiene que ver esto con lo anterior?

Pues bien, por los últimos días, y a propósito de las elecciones presidenciales en Chile, los debates y foros públicos, los programas de los mismos candidatos y candidatas, programas de opinión y matinales mil, tienen una palabra que se ha convertido en común, y, a la vez, en palabra talismán. Se escucha, además, en el bus del transporte público, en no pocos diálogos de distintos círculos, la ves en la prensa, en redes sociales, en todos lados.
Común, porque todos y todas la usan; talismán, porque todos(as) la han empleado configurando todo un artificio que sirve bien para el debate público, genera tendencias en las percepciones ciudadanas, y gana votos (que es aquello para lo cual ha sido usada desde la esfera de los comandos de campaña de los distintos candidatos y candidatas).
El discurso generalizado (y diría que en forma de consenso) apunta a que los migrantes son los causantes de todos los males de las y los chilenos. Eso es lo que ha quedado patentado en la primera vuelta del proceso de elecciones presidenciales.
Y, perdónenme quienes entre ustedes me muestran afecto (que, por demás, saben que es recíproco), pero, la verdad es que, con todo el respeto posible, debo decir que ya me asquea tanto fervor por la sola idea, tanto señalamiento hacia las y los migrantes, que, claro está, parecieran tener un solo rostro, a pesar de lo que digan luego: las y los venezolanos.
Que si los migrantes llegamos a quitar los puestos de trabajo, que si los migrantes fuimos los catalizadores de las fallas del sistema de salud en Chile, que si una proporción de niños y niñas naturales de Chile no tiene acceso a la educación porque los migrantes les quitamos los cupos, que si las tasas de criminalidad en Chile se exacerbaron a causa de los venezolanos, que si la ínfima cantidad de venezolanos migrantes votantes en Chile es la que elige presidente(a) en Chile, en fin…
Tan solo espero que no se molesten mis amigos y amigas chilenos(as), pero seamos honestos, el delito de un venezolano no tiene la misma caja de resonancia que tiene el delito de un chileno, y lo interesante es que, como se dijo antes, la percepción ciudadana no está acompañada de los datos reales, dado que, es falso que exista una relación entre el aumento de la delincuencia y la criminalidad y la inmigración (Ugarte, 2025[8]; Centro de Estudios Públicos, 2023[9]).
El tema no son solo los migrantes irregulares, como les llaman. El tema somos todos los migrantes. Y, por favor, no vengan a decirme que no es así. De hecho, para refrendarlo, un estudio de Ipsos Chile[10] (2025) muestra que, entre la población chilena encuestada, tan solo un 40% ‘apoya garantizar derechos a migrantes’.
Entonces, el tema para a ser un comodín empleado a trocha y mocha, situándole a la pirámide de los problemas en Chile, y lo peor de todo es que ello ocurre sin respaldo en las estadísticas oficiales de fuentes estatales y estudios de centros de investigación y varias universidades.
Como ya se ha dicho, no se niega que hay un aumento en la inmigración no regular, y que hay migrantes venezolanos que han delinquido; pero el tratamiento del tema, exacerbado y condicionado por medios de comunicación, maltratado por políticos de distintas adherencias ideológicas, desbaratado por periodistas ‘showman’ que se asumen como más importantes que la noticia (Agencia de la ONU para los Refugiados [ACNUR], 2025[11]; Ivanova et al., 2022[12]; Nesbet y Cárcamo, 2024[13]; Pilatowsky et al., 2025[14]), ha tenido un impacto poderoso en la ciudadanía chilena, al punto de que la percepción que se tiene de las y los migrantes no va acompañada de los datos reales.
No escuché en ninguno de los debates, a ninguno de las y los candidatos a la presidencia de la República de Chile, destacar siquiera un solo aporte de los migrantes al país, en el ámbito que fuese. Valdría la pena hacer saber que no todos quienes somos migrantes, hemos venido a delinquir, la grandísima mayoría ha venido a trabajar y prosperar como cualquier persona, y sí, también a aportar, sin quitar nada a nadie, ni empleo, ni un lugar en la atención en el hospital, ni un cupo en el colegio, y mucho menos sus pertenencias o la vida.
El problema en Chile no son los migrantes. Estas personas, entre quienes me cuento, hemos venido, y lo repito por enésima vez, a aportar, a sumar, a aprender, y, por qué no, también a enseñar alguna que otra cosa. Aprendí a comer la sopaipilla con pebre, que nos encanta en casa; nos gustan los choripanes, y a mi esposa le encanta el pastel de choclo. Mis hijos están aprendiendo a bailar cueca, y a mí me encanta ver como ustedes celebran con tanto entusiasmo las fiestas patrias.
Y, sí, me ha sorprendido que hay chilenos y chilenas a quienes ya les gusta el pan de jamón, la cachapa, la hallaca navideña, o incluso la infaltable (para nosotros, las y los venezolanos) arepa. Hay quienes ya le colocan plátano verde a la sopa (o cazuela, como le dicen acá). Imagínense…
Meter a todas y todos en un mismo saco, no es prudente, y mucho menos, inteligente. Hay mucha gente que no filtra, que no hace un cribado y generaliza, sin considerar el efecto que sus palabras tienen sobre sus seguidores. Y en política esto es nefasto. Ejemplos hay, y demasiados, lamentablemente.
Entonces, pedir prudencia, mesura, es necesario. Así como se cuestiona a quienes han ingresado de forma irregular y han venido a delinquir, ¿por qué no se destaca a esa inmensa mayoría que ha venido a aportar, a trabajar, a sumar a esta sociedad? De esto último, no veo nada, absolutamente nada.
Creo que el discurso encendido y sin filtros, ese discurso que, en ocasiones, pareciese rayar en el odio y en la aporofobia, es uno que genera escisión, división, y siembra semillas para acciones deleznables y peligrosas. El estudio de la ACNUR (2025) revela que solo el 4% de los encuestados (población chilena), tiene sentimientos positivos hacia las personas extranjeras.
Eso no vino solo, sino que se trata de una conducta aprendida por discursos de odio, aporofobia, desinformación, y mucha, pero mucha amnesia histórica. No hemos venido a que nos regalen las cosas, hemos venido a trabajar, y soy de los que cree, que la gente buena, es más. Así como vosotros, chilenos y chilenas.
Notas
[1] https://www.debatesiesa.com/los-venezolanos-son-los-extranjeros-que-mas-aportan-al-fisco-en-chile/
[2] https://www.cepchile.cl/encuesta/encuesta-cep-n-90/
[3] https://chile.iom.int/es/impacto-positivo-de-la-migracion-venezolana-en-la-economia-chilena-evidenciado-en-nuevo-estudio
[4] https://chile.activasite.com/estudios/estudio-percepcion-de-inmigracion-y-prejuicio-hacia-inmigrantes/
[5] https://radio.uchile.cl/2025/08/21/miedo-y-prejuicios-marcan-percepcion-sobre-migrantes-68-considera-que-son-un-problema/
[6] https://laprensaaustral.cl/2025/09/24/familia-de-joven-venezolana-fallecida-en-punta-arenas-dona-sus-organos-para-salvar-vidas/
[7] https://www.lacuarta.com/chile/noticia/idolo-joven-venezolano-salvo-a-madre-y-su-hijo-durante-incendio-en-la-serena/
[8] https://revistaatomo.com/wp-content/uploads/2025/01/Atomo-N.11.-Crimen-organizado_.pdf
[9] https://www.cepchile.cl/encuesta/encuesta-cep-n-90/
[10] https://www.chicureohoy.cl/actualidad/percepcion-sobre-migracion-en-chile-cae-solo-4-de-cada-10-apoyan-garantizar-derechos-a-migrantes/
[11] https://www.acnur.org/media/el-odio-viral-desinformacion-noticias-falsas-y-discursos-de-odio-en-redes-sociales-contra-la-poblacion-extranjera-en-chile
[12] https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0719-15292022000200054&script=sci_arttext
[13] https://www.redalyc.org/journal/5115/511578875005/html/
[14] Pilatowsky, E.; Luzes, M. y Ruiz, J. (2025). Más allá de los titulares: análisis del tratamiento mediático de la migración en América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, DC.


