La reciente Convocatoria de Entrenadores 2026 de la Cooperativa del Magisterio (CODEMA) ha puesto de manifiesto una separación entre el discurso de igualdad institucional y la falta de compromiso para materializar unos espacios que creen esas condiciones que discursivamente funcionan.
Lo que a simple vista parece una distribución técnica de cupos, es en realidad un síntoma de una patología sexista institucional más profunda: la discriminación de género en una organización donde, paradójicamente, las mujeres somos mayoría, transformando así el derecho al deporte en un privilegio masculino.
Una radiografía de la exclusión y el retroceso
El análisis de los datos técnicos de la convocatoria actual revela una asimetría que insulta la lógica del bienestar común y pone en evidencia que la disparidad no es solo una percepción, es una realidad estadística que ignora los avances en participación de años anteriores: Mientras que el año pasado el fútbol de salón femenino gozaba de un proceso consolidado con dos equipos, la nueva directriz reduce la oferta a un solo entrenador bajo una ambigua «Categoría Única».
Obligando en este caso a las participantes a entrar en una competencia por pertenecer a dicha categoría, dado que esta centralizaría la asistencia total de dos equipos, por otra parte, se niega y desconoce el proceso de cada uno de los equipos, que se ha dado es aspectos como asistencia y participación, entrenamientos físicos y técnicos individuales y de equipo, y fortalecimiento en lazos de colectividad, pertenencia y representación de la cooperativa.
En contraste, la rama masculina cuenta con 3 entrenadores y una estructura técnica de categorías A, B y C. En fútbol 11 Se repite el patrón de 3 entrenadores para hombres frente a solo 1 para la rama femenina.
Como señala la socióloga y teórica feminista Celia Amorós, «conceptualizar es politizar». Al definir el espacio deportivo femenino como una «categoría única» frente a la diversificación masculina, la cooperativa está enviando un mensaje político: el bienestar y el desarrollo técnico de las mujeres es de «segunda clase». No se trata de una decisión técnica, sino de una barrera institucional que vulnera derechos fundamentales de una base social mayoritariamente femenina.

Imagen de la convocatoria realizada por la cooperativa Codema.El deporte como territorio de poder y legalidad
Esta reducción de espacios ignora que el proceso de los equipos femeninos ha sido constante durante más de tres años, con una asistencia amplia de docentes y beneficiarias que han aprovechado al máximo estos escenarios. Esta situación encaja en lo que la filósofa Alicia Puleo denomina la persistencia de estructuras patriarcales en ámbitos que deberían ser de vanguardia social.
Ya se radicó una reclamación formal donde se fundamenta que CODEMA está incumpliendo normativas críticas:
- Ley 1257 de 2008: Dicta medidas para prevenir la discriminación contra las mujeres; limitar estos cupos es una forma de discriminación institucional.
- Ley 823 de 2003: Obliga a garantizar la igualdad de oportunidades y trato en el ámbito recreativo y deportivo.
- Principios Cooperativos: Se traiciona el primer principio de la ACI sobre la membresía abierta sin discriminación de género.
Exigimos una respuesta real y con criterio de equidad
Dado que la reclamación se radicó a inicios de mes, CODEMA tiene como plazo máximo el 26 de febrero para emitir una respuesta formal que modifique los términos de esta convocatoria.
Es contradictorio que una cooperativa de docentes, llamados a educar en igualdad, replique las brechas que la sociedad intenta superar. La administración tiene la palabra para demostrar si su compromiso con las mujeres es real o si el deporte seguirá siendo un terreno donde la equidad se queda fuera del campo de juego.


