El pasado 17 de Julio del 2025 se desarrolló una nueva movilización de los maestros bogotanos aglutinados en la Asociación Distrital de Educadores (ADE), los motivos: por un lado, la estabilización del modelo de salud del magisterio bogotano, y, por otro lado, la denuncia de los maestros frente a un sistemático hostigamiento por parte de la administración de Carlos Fernando Galán a través de su secretaria de educación Isabel Segovia.
En el primero de los casos, el prestador de salud del magisterio bogotano en más de 20 sesiones de trabajo no ha podido resolver centenares de inconformidades sobre asignación de citas y tratamientos, disponibilidad de especialistas, y entrega de medicamentos para los profesores de la capital. En el segundo de los casos, desde el inicio de la administración “Bogotá camina segura” y no es casualidad las comillas, el magisterio oficial a sentido la constante amenaza de los descuentos salariales y memorandos para los maestros que se atrevan a usar el artículo 37 de la constitución política, el cual prosa: «Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente”.
A pesar que sobran los motivos para movilizarse, miles de maestros bogotanos no lo hicieron frente a la Fiduprevisora, y esto para el ojo desprevenido es algo irracional. En algún momento, el economista alemán Albert Otto Hirschman señalaba que frente a las movilizaciones, algunas personas totalmente inmersas en las injusticias laborales tienen tres tipos salidas reaccionarias; en primer lugar, los individuos que poseen una visión “perversa” de la movilización, y no acuden a ella porque desde su perspectiva todo cambio empeorará las cosas, en segundo lugar, las personas de una visión “fútil”, ellos consideran que cualquier movilización no cambiará en nada el curso de las cosas, y finalmente en tercer lugar, los de una visión del “riesgo”, ellos son temerosos de que una movilización cree una pérdida de lo que ya se ha ganado en el pasado.
Las contiendas políticas son disputas del poder, y claro que se puede perder y ganar derechos, sin embargo, cuando el maestro no se movilice claro que las cosas no seguirán su curso normal, el hostigamiento hacia los profesores se intensificará y el sistema de salud empeorará.
Pero lo que más preocupa son los maestros que creen en la tesis del “riesgo” pues el maestro contemporáneo goza de privilegios a raíz de que en los años setenta y ochenta sus colegas (muchos actualmente pensionados por el decreto 2277) enfrentaron asesinatos por parte de grupos paramilitares, destituciones por parte de administraciones reaccionarias, fueron perseguidos por el Distrito Administrativo de Seguridad (DAS), y estuvieron encarcelados injustamente, todo ello a partir de la realización de paros que duraron 30, 40 y 50 días, huelgas de hambre y resistencias civiles al interior de sus colegios; todos estos derechos ganados “por otros”, precisamente se obtuvieron en la movilización, y el riesgo de perderse lo dictará la fuerza de las calles.
El día de hoy algún maestro señalaba: “el patrón nos cuenta”. Efectivamente la administración de Carlos Fernando Galán, cuenta a los maestros en cada protesta, no solo para atemorizarnos como los niños con el cuento de que viene el coco, el coco del descuento, sino por el contrario los tantea para ver que tan factible es hostigarlos sin que ello genere un paro indefinido del magisterio bogotano, es decir, hasta donde la presión es razonable.
Pero ¿hostigarnos para qué? Cada vez que un maestro cubre horarios que no le corresponde, atiende el Programa de Alimentación Escolar sin ser el respondiente y se
“coloca la camiseta por el colegio” reduce costos para la administración distrital, y deducir costos es clave para una visión neoliberal de la educación.
En todo caso, no movilizarse por alguna de las tres razones que explicaba Hirschman, se puede traducir en una nueva derrota del magisterio bogotano, y quien quitá, derrota para el magisterio a nivel nacional.
La administración distrital es la punta del iceberg de un proyecto reaccionario nacional, el cual busca que el maestro en Colombia no critique, no politice al ciudadano, no lo convierta en un ser capaz de entender su realidad, no señale el mal curso de la educación pública y por supuestos, no proteste; para que juiciosito y calladito dicte una clase apolítica, mientras avanza la privatización de la educación pública en Colombia.


