Ya no es solo América Latina que lo padece. Es que se trata del mundo entero. Donald Trump, cuestiona a líderes a quienes considera autoritarios, pero como que no le tiembla el ojo ni el pulso al momento de erigirse como el que más. La ley del garrote aplicada desde la White House, tan solo porque sí. Imposición de medidas arancelarias ridículamente exacerbadas, como que si tuviese derecho a imponer normas económicas en el mundo y en sus relaciones con los otros.
Pide respeto hacia los Estados Unidos, pero es lo menos que ofrece a los demás. Apoya el genocidio en Gaza al tenor de sus compadres israelíes, pero se exaspera con la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando ni le tembló el ojo en su primer mandato presidencial cuando Ucrania devastaba a comunidades prorrusas en propio territorio; participa en el conflicto entre Israel e Irán, porque a sus compadres debe ayudarlos y apoyarlos, pero se ruboriza con lo que ocurre en otras latitudes intentando imponer condiciones en territorios ajenos.
En el mar de sus locuras presidenciales, barre bajo la alfombra lo oscuro de su pasado con Epstein, se silencia el tema y a quienes tienen algo por decir al respecto. Pero el mal está en los otros, no en sí mismo. El mundo a su antojo. La geopolítica a la carta. Asedia la costa venezolana como el que más, pero llama a la paz mundial, e intenta sumar puntitos para el premio Nóbel de la paz, justo cirniendo amenazas sobre el país caribeño. Menuda contradicción.
El argumento empleado es bastante común en Estados Unidos. Acusaciones infundadas, sin prueba alguna. ¿Qué más da? A Saddam Hussein ya le pasó, aún y cuando todos sabían que no existían las armas que los gringos decían que existían en Irak. Tiempo después, todos lo han refrendado, hasta el mismísimo ex presidente Bush, afirmando haber sido mal informado por las agencias de inteligencia de su propio gobierno en relación con la inexistencia de las tales mentadas armas.
Ahora el tema es que Nicolás Maduro es el jefe del invento denominado Cartel de los Soles. Así, porque sí, porque hay que inventar un relato para justificar las ‘locuras del emperador’. Lo curioso de todo esto es que Estados Unidos se mantiene a la cabeza del consumo mundial de drogas, con un problema infernal en torno al Fentanilo, cocaína y otras.
Curiosamente, jamás han sido detenidos o desmantelados carteles de la droga en Estados Unidos, y menos aún el mayor cartel a propósito del aumento que se dio en el consumo de opio en Estados Unidos después de la invasión a Afganistán, siendo que quienes lo transportaban eran los mismísimos aviones militares del gobierno estadounidense.
Venezuela importa a los Estados Unidos, sí, pero no por lo que la Casa Blanca y por lo que la prensa mediática y los gobiernos de la región afirman. Venezuela importa, sí, pero les importa por su petróleo, por sus diamantes, por el oro, el coltán, el gas, el hierro, el aluminio, el Thorium, el agua, por su posición geoestratégica en el caribe, entre otros.
Rusia es una piedra en el zapato de Trump, China lo es más, sí, pero Venezuela no lo es menos… Y tan solo que Venezuela sea estratégica para los Estados Unidos, ya la convierte en amenaza, sí y solo sí sus intereses no se alinean con los que se deciden en Washington.
Amanecerá y veremos…


