En el 2022, Francia Márquez se convirtió en un fenómeno político. Una mujer negra, víctima del conflicto armado, lideresa social y ambiental llegaba a la vicepresidencia del país. Sin embargo, con el pasar del tiempo su imagen se fue diluyendo hasta convertirse en una promesa cumplida a medias; en un espejismo que perdía la capacidad de ilusionar.
¿Por qué pasó esto? ¿Fue una estrategia de los medios corporativos por invisibilizar una mujer proveniente de sectores históricamente invisibilizados?. ¿O por disputas internas entre lineas políticas de izquierda que no han erradicado el machismo, el clasismo y el racismo de sus prácticas políticas?. ¿Acaso en Francia se plasmó, como en ninguna otra figura, la inexperiencia de la izquierda para administrar un estado corrupto, clientelar y profundamente colonial. Tal vez fue un poco de todo lo anterior.
Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, vale la pena mirar hacía atrás y recordar la esperanza que despertó Francia Márquez. Esa esperanza todavía sigue en pie.
Francia Márquez y el racismo desvergonzado
Por: Adriana Villegas Botero @Adrivillegas
(Texto del libro Ancestral (2022) [ver aquí])
Me fascina «La presa», una novela del Nobel japonés Kenzaburo Oe, en la que un niño cuenta que un avión de guerra cae cerca de su aldea y la comunidad encierra al soldado sobreviviente en una jaula. La familia empieza a cuidar a «La presa» y la alimenta como a un animal doméstico, hasta crear “vínculos sólidos, profundos y casi ‘humanos’”.
La gente escudriña su dentadura, su sexo, su risa; cualquier movimiento genera comentarios, y así avanza el libro hasta que el niño suelta un dato: el soldado es negro. Ese detalle cambia al lector porque es ahí cuando comprende la mirada asombrada de la gente ante ese cuerpo.
Francia Márquez logró 783.160 votos en la consulta del Pacto Histórico y desde entonces atrae miles de miradas que la observan con un exotismo que va desde el éxtasis hasta el estupor, desde el enamoramiento hasta el asco. La ropa que elige, el lenguaje que usa (dice “mayoras y mayores” como acostumbran varias comunidades en señal de respeto a sus ancestros), el lugar que habita (se radicará en Medellín el resto de la campaña): todos sus movimientos se vuelven noticia con eco en redes sociales.
Esos ecos revelan lo más sórdido de nuestra sociedad. Como dice familiar. Vive con nosotros, se sienta en nuestra mesa, se echa en nuestra cama, nos susurra al oído”. Al igual que el machismo y el clasismo, el racismo es una forma de odio tan arraigada que se hereda de generación en generación, se refuerza en la familia, el colegio y los medios y muchas veces faltan gafas para verlo con claridad, sobre todo si la población negra es minoría y solo ocupa posiciones de reconocimiento en el deporte y la música.
La luz que arroja Francia Márquez sobre “los nadies”, como los llama recordando a Eduardo Galeano, ilumina no sólo las distintas violencias contra tres millones de afros que hay en Colombia (15.000 en Caldas) sino también las exclusiones por género, pobreza y ruralidad que afectan a millones de colombianos.

De manera inconsciente he hecho comentarios clasistas, racistas y machistas. Desaprender es una tarea ardua que exige revisarse para no perpetuar estereotipos. Mientras me empeño en eso veo que la conversación pública que despierta la presencia de Francia Márquez en el debate electoral va por otro lado: en vez de controvertir sus ideas o propuestas abunda la desfachatez con la que se emiten orgullosos mensajes racistas, sin la menor aprehensión o sentido de culpa.
Así como algunos alardean con estilo traqueto de sus armas de fuego, otros exhiben su artillería verbal en ejercicio de su libre expresión y libre imbecilidad. Paola Ochoa dijo en Blu Radio: “Petro eligió a Francia Márquez porque si llega a poner otra mujer, llámese como se llame, cualquiera se va a ver muy mona, muy maja, muy estrato seis comparada con Francia”.

@petrogustavo
Esa visión, de la que luego se desdijo, coincide con numerosos mensajes en redes, de los que reproduzco dos ejemplos: “A mí Francia Márquez para que me venda alguna mochila, jamás para que me gobierne” o “Lo único bueno es que si Petro gana ya tiene cocinera en la Vicepresidencia”.
Francia Márquez es abogada, técnica agropecuaria y líder ambiental. En 2018 ganó el Premio Goldman en Estados Unidos, en 2019 el Joan Alsina de Derechos Humanos en España y en 2020 publicó «El territorio es la vida», un ensayo de la colección «Futuro en tránsito», de la Comisión de la Verdad, en donde dice:
“La mejor manera de lograr una Colombia posible es lograr la paz real, una justicia real que erradique el racismo estructural y el patriarcado. Ser capaces de construir una política para la vida que cierre las brechas de inequidad, desigualdad, que trabaje por implementar políticas antirracistas y antipatriarcales, que construya políticas económicas desde otras «alternativas al desarrollo» que propendan por la conservación ambiental”.
Las reacciones que Francia Márquez desata entre algunos señoros y señoras que se autodenominan “gente de bien”, aunque hagan tanto mal, me estimulan a votar por ella y su fórmula presidencial, a ver si el racismo, el clasismo y el machismo dejan de ser el centro del poder.


