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Llegó diciembre con su alegría: mes de parranda y… ¡organización!

Tras un año de exigente labor en nuestras aulas, para nadie es un secreto que todas y todos los profes anhelamos unas merecidas vacaciones, un merecido descanso. Así como también anhelamos un mayor reconocimiento y gratitud hacia nuestra labor.

“Llegó diciembre con su alegría, mes de parrandas y animación”, se canta en aquel popular himno navideño de nuestro país (a propósito de esta canción, 24 de diciembre, pueden conocer un poco más sobre Lucy Figueroa [Aqui]. Sin embargo, llega diciembre también con ciertos hechos que despiertan nuestra molestia e indignación.

Ha sido evidente que para el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, y para la secretaria de educación, Isabel Segovia, las y los profes somos personajes no gratos. Con su austeridad decretada para la educación pública en la ciudad, el impacto en nuestros colegios y en sus comunidades educativas es realmente lamentable.

Para la muestra, un par de botones: además de no realizar el tradicional cierre de gestión, un evento que los profes aprovechábamos para encontrarnos, bailar y compartir; la Secretaría de Educación Distrital (SED) emite la Circular no. 008 de 2025 (ver aquí), la cual impacta seriamente a las y los docentes orientadores y a las comunidades educativas de los colegios públicos bogotanos.

En aquella circular, la SED presenta orientaciones para la asignación y distribución de docentes orientadores en las instituciones educativas del distrito. Se definen así una serie de preocupantes “reglas para la asignación y distribución de docentes orientadores en Bogotá”, bajo unos supuestos “criterios de equidad”.

Las medidas tomadas por la SED desconocen el invaluable trabajo pedagógico y comunitario que diariamente realizan las y los docentes orientadores. Ahora la labor de orientación escolar es sometida a un Índice de Necesidad de Orientadores (INO), que no es más sino un tecnicismo a través del cual se subestiman las realidades en nuestros colegios y se reduce la labor de las y los docentes orientadores a registrar alertas.

Esa es la eficiencia a la que hacía referencia Isabel Segovia en la reciente “Gala de los Mejores”, un pomposo evento que no puede ocultar las serias contradicciones de la actual administración distrital. Reducir la compleja labor de la orientación escolar a un simple índice es una falta de respeto.

Si en realidad se desea reconocer la labor docente (en el aula, en la orientación escolar, en los cargos directivos), lo que se necesitan son medidas que realmente dimensionen la complejidad de los contextos educativos, que faciliten los procesos pedagógicos y que exalten el esfuerzo de quienes día a día afrontamos los desafíos que nos plantean las realidades escolares.

No obstante, con cierto descaro la secretaria de educación publica en las redes sociales de la SED un video con el cual trata de justificar las recientes medidas tomadas para la redistribución de las y los docentes orientadores del distrito.

Según ella, hay 1750 orientadoras y orientadores, se tiene más o menos un orientador por cada 350 estudiantes. Bien sabemos que la labor de la orientación escolar es vital para nuestras comunidades educativas, más aún cuando los problemas de convivencia escolar y de salud mental están desbordados en nuestros colegios.

Así que, aunque desde la SED se presuma en tener la planta de orientadores más grande del país, sigue siendo insuficiente para la cantidad de situaciones que deben atenderse en las instituciones educativas.

Llega diciembre con su alegría y, debería llegar también más cargado de reconocimientos para las y los profes. Recuerdo mucho una imagen compartida hace unos días en un estado de whatsapp, en la cual se presentaba una columna escrita por Irene Vallejo. Se titulaba Maestros y ministros (ver aqui). En esa corta pero potente columna, la escritora anima la reflexión con respecto a qué valoramos más como sociedad, a quiénes son encumbrados por la fama y por los medios, a qué reconocimiento se da a los maestros.

Escribía que para nuestros antepasados “lo fundamental, lo más –en latín ‘magis’– es la tarea del ‘magíster’, del maestro. Para los clásicos, era más grande enseñar que gobernar. Sabían que la educación es, más que ningún otro oficio, el territorio donde soñamos y creamos el futuro. Una profesión que merece el más alto prestigio y la mayor gratitud”.

Envío a ustedes, compañeras y compañeros, desde el salón de clase, un fraternal y fuerte abrazo. Deseo que las próximas semanas sean momento para compartir en alegría con sus seres queridos. Para descansar. Y, para organizarnos. El próximo año hay mucho por hacer, en defensa de la educación pública, de la labor docente y de la democracia.

 

Antonio Torres Moreno
Profe de Biología (actualmente en el Colegio Alberto Lleras Camargo IED). Activista sindical e integrante del Colectivo La Roja. Correo electrónico: [email protected]
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