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“Brilla para él la luz perpetua…” ¿El final de Comunes?

El principio estoico de la filosofía “Amor Fati” nos habla de amar el destino, no como una necesidad, sino como las condiciones y circunstancias que no podemos controlar.

Si las circunstancias que llevaron a la inviabilidad jurídica del partido Comunes eran imposibles de transformar, o si no existían condiciones reales para enfrentar y superar el fracaso electoral —expresado en la obtención de apenas 10.000 votos—, entonces debemos preguntarnos qué estaba realmente bajo nuestro control.

El segundo principio estoico sostiene que uno debe tener todo el valor para cambiar lo que está en nuestro control. Se relaciona con la preocupación de Marx por transformar la realidad y no solo contemplarla. Es evidente que el Acuerdo de Paz sí contribuyó a la transformación profunda de la situación nacional.

En primer lugar, debemos señalar la mala política del Estado, transformada para siempre  en la forma de construir la relación amigo-enemigo. Esta ha tenido como principio el castigo y la explicación de todos los males del país en el “terrorismo” de la guerrilla.

Al realizarse el Acuerdo de Paz, que puso de manifiesto las causas estructurales que dieron origen a la guerra, se volcó la mirada hacia la insurgencia como responsable de la democracia restringida y de las desigualdades sociales.

En ese sentido, el Acuerdo de Paz sí posibilitó modificar la realidad y no solo interpretarla. Pese a las sistemáticas vulneraciones, el sabotaje en su ejecución durante la administración de Duque (2018–2022) y, sumado a la respuesta de factores judiciales y políticos del país, son evidencias de la resistencia de un establecimiento histórico.

Partido COMUNES presenta paquete de proposiciones que garantizan implementación del Acuerdo Final de Paz, en el Plan Nacional de Desarrollo. Foto de https://www.senado.gov.co/index.php/component/content/article/13-senadores/4371-partido-comunes-presenta-paquete-de-proposiciones-que-garantizan-implementacion-del-acuerdo-final-de-paz-en-el-plan-nacional-de-desarrollo

Fue la Justicia Especial para la Paz (JEP), por ejemplo, la que dio lugar a verdades históricas acerca del paramilitarismo, los falsos positivos y su relación con el gobierno de turno (2002–2010). Esta verdad histórica dio elementos a la memoria social para esclarecer la relación amigo-enemigo y desencadenar la lucha por la justicia social en el estallido social de 2020 y la llegada de un gobierno progresista por primera vez en la vida republicana.

La historia coloca en un lugar más preponderante a la lucha de la insurgencia por alcanzar la paz y el aporte de iniciativas para el cambio en la cultura política. Pese a los delitos de lesa humanidad y la evidente degradación de la guerra, este actor histórico y político (las FARC-EP) fue incapaz de construir un partido político mayoritario y anclado en el pacto histórico.

Se podría decir que todos los partidos surgidos de acuerdos de paz son desmantelados de manera sistemática, cosa cierta. Pero la estructura y tamaño del partido resultante, heredado de la guerrilla más antigua de América Latina (en su momento), no podía caer en una picada electoral tan despreciable.

Se podría decir, y es totalmente cierto, que la persecución política, la estigmatización, el asesinato de más de 500 firmantes, así como el cierre de las puertas del pacto histórico, jugaron un papel importante en la debacle. Sin embargo, siempre hubo salidas que la megalomanía, la división y la terquedad de algunos dirigentes hicieron cerrar de un portazo.

En primer lugar, se le cerraron las puertas al partido firmante y, en particular, a los antiguos comandantes, por las implicaciones políticas y mediáticas que eso conllevaba. No debería ser así, porque estos comandantes firmaron un acuerdo de paz y participaron en política. No debería ser, pero es. Y era algo que ya no se podía controlar o cambiar.

Las puertas nunca se cerraron para el proyecto político, para las poderosas ideas que se fundamentaban en él. Poniendo entre paréntesis —como señala Husserl—, alejados de prejuicios y mirando el fenómeno tal cual se presenta, encontramos que durante más de 50 años lo que ha tenido esta organización son propuestas y programas.

Las puertas estaban abiertas para líderes y dirigentes del movimiento campesino, sindical y social que hicieran parte de ese partido y que no quisieron hacerlo; parte del movimiento social más grande de Colombia a principios del siglo XXI, la Marcha Patriótica. De hecho, antiguos dirigentes de este movimiento social, que surgió como una herramienta de movilización, buscaron ventajas u oportunidades individuales al interior del pacto. Otros, con procesos pequeños y sociales, con un proyecto ético, hicieron lo mismo.

¿Brilla para él la luz perpetua?

Al menos para la persona jurídica y para su forma de funcionamiento, sí. Para el proyecto político que buscó una salida al conflicto, una profundización de la democracia, una solución integral a los cultivos de uso ilícito, unas negociaciones de la deuda externa y una profundización de la empresa pública: no.

Este proyecto político es una discusión anclada en el país y buscará las formas de reorganizarse y participar del movimiento real del pueblo, o tomar nuevos nombres y otras estrategias. Mujeres marcarán esa tarea, y muchos estarán en ella.

Henry Leonel Gómez
Licenciado en ciencias sociales de la UPN. Magister en educación UPN. Estudios en filosofía Urosario. Comisionado CUT. Activista sindical y social. Correo: [email protected]
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