Desde mi experiencia como maestra y desde mi compromiso como ciudadana con los procesos de transformación social del país, estas elecciones me dejan varias reflexiones. Me dejan la imagen de un país dividido casi en mitades; me dejan la evidencia de que las emociones sociales pesan tanto como las ideologías; me dejan la certeza de que amplios sectores de la población sienten que durante años sus preocupaciones no fueron suficientemente escuchadas.
Y me dejan una pregunta inevitable sobre la capacidad de nuestra democracia para interpretar los cambios que se están gestando en la sociedad.
Pero, por encima de todas esas reflexiones, hay una lección que considero fundamental.
La principal lección que dejan estas elecciones en Colombia es que está emergiendo una nueva fuerza electoral que deberá ser tenida en cuenta en los futuros debates políticos del país, en las elecciones de alcaldes, gobernadores y en las decisiones que marcarán el rumbo de la nación durante los próximos años.
Lo que hoy observé en las urnas fue la emergencia de una nueva realidad electoral. Una realidad representada, en buena medida, por sectores de la clase media colombiana que durante años permanecieron en una especie de silencio político o se sintieron insuficientemente representados dentro de los debates nacionales.
Hablo de ciudadanos que han construido sus proyectos de vida desde el trabajo, el emprendimiento, el ejercicio profesional y el esfuerzo cotidiano. Muchos de ellos han experimentado de manera directa los efectos de la inseguridad, las extorsiones, la incertidumbre económica y las crecientes dificultades para sostener aquello que han logrado construir.
Mientras el país discutía entre los extremos ideológicos, sus preocupaciones parecían permanecer en un segundo plano. Por ello considero que su movilización no fue un hecho circunstancial, sino la expresión de un sector social que decidió hacerse visible, reclamar reconocimiento y participar activamente en la definición del rumbo político del país.
No se trata solamente de quién resulte vencedor en esta contienda. Se trata de comprender que una parte importante de la ciudadanía decidió hacerse visible y expresar sus inquietudes a través de las urnas. Ignorar este fenómeno sería desconocer una de las realidades políticas más importantes que deja esta jornada electoral.
Aún queda la expectativa frente a los resultados oficiales y la esperanza permanece. Sin embargo, independientemente del desenlace, sigo creyendo en la construcción de una Colombia más justa, más equitativa y más humana. Una Colombia donde las oportunidades lleguen a quienes históricamente han sido excluidos, pero donde también se escuchen las preocupaciones legítimas de quienes sienten que durante años no encontraron una representación clara dentro de la discusión nacional.
Los gobiernos pasan, las elecciones terminan, pero los procesos de transformación social continúan. Como maestra, creo profundamente en el poder de la educación para enseñarnos a escuchar, comprender y dialogar incluso en medio de nuestras diferencias.
Por eso considero que entender las nuevas voces que hoy emergen será una tarea indispensable para construir el país que viene; porque estas nuevas voces están reclamando un lugar en la conversación nacional y comprenderlas será tan importante para el futuro político de Colombia como lo es hoy contar los votos.


