12.8 C
Bogota
martes, octubre 20, 2026
Inicio El educador Adiós a Macondo

Adiós a Macondo

«Lo mejor que el fútbol me dio fue la
oportunidad de conocer a los seres humanos.
Conocí a personas que sufrieron muchísimo y
también conocí el otro lado de la sociedad, los
que lo tienen todo. Pude ver las dos caras de la
sociedad en la que vivimos»

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza
Vieira de Oliveira

Quise empezar este escrito con una reflexión de un gran líder: Sócrates. No el filósofo, sino el jugador de fútbol. Ambos Sócrates son reconocidos por elaborar teorías sobre la participación política.

Sócrates «el futbolista», acuñó el concepto de la Democracia Corinthiana en un espacio  impensable: los estadios. Usó su talento y su imagen para que millones de personas  pudieran cuestionar su subjetividad política en una cancha, ya fuera en vivo o por la televisión.

En ese sentido, valdría la pena analizar la importancia de los refuerzos extranjeros en los diferentes deportes. Sin duda, los equipos demuestran su poderío económico al traer los  mejores jugadores disponibles en el mercado. Estos terminan, muchas veces,  convirtiéndose muchas veces en leyendas que terminan imbuidos en la cotidianidad y la  historia, no solo del equipo, sino también de la ciudad y su comunidad. No es gratuito que hoy el estadio de Nápoles lleve el nombre de Diego Armando Maradona.

Para mi caso, ni refuerzo ni mejor jugador. Tanto así que un sector del gremio docente terminó declarándome persona no grata por el simple hecho de ser extranjero, por ser del  interior y no del Caribe, ¿extranjero en mi tierra? me preguntaba con melancolía y me  parecía inverosímil. Recordé entonces las palabras de Unamuno, que parafraseé en cientos  de clases: viajar es el antídoto contra la xenofobia, que no es otra cosa que ignorancia y  los prejuicios a lo diferente, a lo desconocido.

Pero la hostilidad al llegar era evidente. Recuerdo una graciosa apuesta de algunos funcionarios que no me daban más allá de Semana Santa. Hoy, con aprecio, reímos al recordar la suerte del ganador de la apuesta.

Así mismo, aprendí rápidamente el modus vivendi de Macondo, dónde cualquier cosa puede suceder a la vuelta de la esquina. Pude discernir entre malas costumbres y la idiosincrasia popular, lo uno no es igual a lo otro pero al final de cuentas, lo importante era dejarse  llevar por el sentido común sin perder la compostura, es decir, no te pases el semáforo en  rojo, pero ten más cuidado cuando cambie a verde.

Después de todo, vale la pena recordar la frase inmortalizada en la película Martín (Hache): «La patria es un invento y se extrañan muy pocas cosas. La patria son tus amigos, y eso sí  se extraña». Así que es el momento de dejar la patria caribe y volver a la patria andina.  Ambas son tan diferentes como parecidas al mismo tiempo.

Me voy agradecido con quienes confiaron en un maestro para asumir la responsabilidad de  ejercer como Secretario de Educación del Magdalena. Creyeron en mí cuando, seguramente, no era la estrella del mercado de Secretarios, y así como el fútbol sorprende, también lo hacen los resultados.

Me voy con la sonrisa del cuadro de Gabriel García Márquez que está en la oficina del despacho, el que me recibió y me despidió de la misma manera, con la calidez que merece  cualquier ser humano, sin importar su cargo, formación académica o apariencia física.

Creo firmemente que su tierra es mi tierra y que su mar es mi mar, porque, como en las obras de Gabo, los seres humanos debemos aprender a ser universales y cosmopolitas, humildes, como los alfabetizados de Ferrer, para reconocer que todos llevamos la geografía en los pies y la historia en las manos, al fin y al cabo, lo único que podemos dejar, más allá de lo material, es el legado que nace del corazón. Gracias.

Yesid González
Magister en Educación. Docente SED. Exsecretario de Educación del Dpto del Magdalena. Correo: [email protected]
ARTÍCULOS RELACIONADOS

¿Por qué luchamos?

Hace 60 años, 86 docentes caminaron un mes desde Santa Marta hasta Bogotá para reclamar 8 meses de salario que les adeudaban. El ministro...

Una facultad para todos: la propuesta del profesor Jorge Orlando Blanco para la UD

El próximo 29 de octubre se llevará a cabo la jornada electoral para elegir Decanos en las diferentes facultades de la Universidad Distrital Francisco...

¿Por qué enseñar filosofía hoy (o aún)?

Esta, una pregunta que aparece (y a veces se desvanece) en los debates académicos y en los comités curriculares, es una inquietud que también...

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Más popular

¿Por qué luchamos?

Hace 60 años, 86 docentes caminaron un mes desde Santa Marta hasta Bogotá para reclamar 8 meses de salario que les adeudaban. El ministro...

Abelardo, fascismo criollo y dialéctica

En su libro Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík señala que la dialéctica trata de la cosa misma, pero advierte que la cosa misma...

Mi recuerdo de la guayaba

A mí la guayaba me recuerda a dos personas muy especiales. La primera es mi madre. La guayaba siempre ha sido una fruta muy barata...

Una facultad para todos: la propuesta del profesor Jorge Orlando Blanco para la UD

El próximo 29 de octubre se llevará a cabo la jornada electoral para elegir Decanos en las diferentes facultades de la Universidad Distrital Francisco...

Comentarios Recientes

Edwin Guerra Fernández on Viviendo con el enemigo
Irma Cáceres on Viviendo con el enemigo
Alex Hernando García Andrade on La Solidaridad es la ternura de los pueblos
Fiorella Tatiana Marín Visbal on Inclusión sin tiempo, sembrar sin tierra
humberto bustos fernandez on La ADE y la democratización pendiente
Carlos David Rodríguez Mancera on Duele el alma
Viviana Jiménez on Más divino menos humano
Viviana Jiménez on Más divino menos humano
Viviana Jiménez on Más divino menos humano
Juan Santana on Más divino menos humano
Angelica lara on Una Verdad que incomoda
Wilson Fernando Garcia Castellanos on Subjetividad docente por una escuela pluri y multi-versa
Esperanza Pinzón on Cuento: ¿esperanza es?
Jorge Alberto Padilla Mier on Colombia sufre de hambre