Puede que no sea la primera vez que coinciden en la disputa por la presidencia de Colombia dos personas con estudios en Filosofía, quizá no sean las únicas este año. Lo que sí es
cierto es que algunas/os nos percatamos de ello, y se acentuó el notorio contraste entre los
posicionamientos políticos de sus partidos. ¿Tendrá esto relevancia para la educación?
La convergencia entre la política institucional, el ejercicio de saber-poder y las lógicas que
configuran la mentalidad de unas u otras personas, está más que descubierta. Por esto, conviene no olvidar las reflexiones y luchas que muchas/os docentes colombianas/os han legado durante décadas, como también considerar cuál es el lugar de la Filosofía en la política gubernamental y la construcción de sociedad; toda vez que a lo largo de nuestro tiempo se han evidenciado aseveraciones, negaciones, señalamientos y vías de hecho cimentadas con filosofías que hoy empiezan a dejar de ser difusas.
En adelante, será ineludible cuestionar, por un lado, si la pretensión de neutralidad, el sesgo por adoctrinamiento y la idea de Filosofía como mero instrumento “apolítico” han sido lo que dicen ser, y, por otro lado, cuáles son las implicaciones y consecuencias que vienen con ello al educar.
¿Filósofos/as en el tarjetón?
De profesión han resonado la candidata del Centro Democrático Paloma Valencia, e, Iván
Cepeda, candidato del Pacto Histórico. De acuerdo con sus fuentes oficiales Paloma Valencia Laserna es una mujer nacida en el departamento del Cauca, “Estudió derecho y filosofía en la Universidad de Los Andes; realizó la especialización en Economía en la misma universidad, y estudió la Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York”.
Su campaña presidencial plantea una sociedad colombiana a partir de la confluencia de
ideas liberal-conservadoras, militaristas y neoliberales, con un énfasis inagotable en la protección de la propiedad privada. De ahí que, los asuntos con enfoque de género y diversidades son abordados bajo la lupa tradicional, la seguridad y la paz se “garantizan” toda vez que haya intervención militar y “mano firme”, la justicia tiene un carácter punitivo y tecnológico.
O, el modelo económico prioriza la empresa privada y la reducción de la intervención del
Estado, desplegando las lógicas de libre mercado que la cimentan sobre la salud y la educación, donde se considera han de primar las concesiones al sector privado. Esta candidata ha sido reconocida desde hace varios años como vocera del Centro Democrático, líder de la oposición (cabe indagar a qué se opone) y devota a Uribe.

La devoción y defensa al expresidente Uribe constituyen el interés por darle continuidad a su modelo de gobernabilidad. Esto, junto a la poca criticidad al paramilitarismo, los diferentes hechos judiciales en los que se han visto involucrados varios actores del uribismo, e incluso, a la vinculación para campaña de discursos sobre diversidad sexual, han dado lugar a críticas y cuestionamientos por parte de la ciudadanía durante su contienda electoral.
Por su parte, Iván Cepeda Castro es un hombre nacido en Bogotá, según fuentes oficiales cuenta con “[…] estudios de pregrado en filosofía (1987, Universidad San Clemente de Ohrid de Sofía, Bulgaria) y maestría en Derecho Internacional Humanitario (2002, Universidad Católica de Lyon, Francia)”. En 2026 su campaña presidencial propone una sociedad colombiana con bases progresistas donde convergen los enfoques de Derechos Humanos, Justicia Social, territorialidad, economía sostenible y soberana, e inversión social del Estado.
De ahí que, los asuntos de género y diversidades sexuales sean pensados desde la igualdad, la diferencia y la inclusión; se considere que la seguridad y la paz se construyen con la presencia del Estado, sin sobreponer la fuerza militar; se abogue porque la justicia siga siendo transicional y por garantizar los derechos de las víctimas, como también por dignificar los procesos penitenciarios con educación, trabajo y resocialización.
O, el modelo económico priorice la presencia administrativa por parte del Estado, servir a la vida y una reforma tributaria progresiva en la que paguen quienes más tienen; poniendo al centro la inversión social en salud y educación, como también en cultura, ciencia y programas sociales. Este candidato ha sido reconocido por defender la paz, la justicia y la verdad, contribuir a la memoria del legado político de la Unión Patriótica y llevar a juicio al expresidente Uribe.

Su persistencia en la construcción de una paz basada en la verdad y la justicia constituyen la apuesta por transformar el país, por gestar un cambio en los paradigmas y prácticas de gobierno. Esto ha encontrado convergencia con diversas agencias políticas gubernamentales y cotidianas, quienes reconocen las marcas históricas de una Colombia sumida por la violencia; pero también ha desatado la más notoria contraposición de ideas por parte de corrientes como la uribista, toda vez que desafía las dinámicas de gobierno dominantes.
Ahora bien, además de los títulos universitarios ¿dónde está la Filosofía? Nos corresponde buscar la respuesta, tanto si se vive bajo el misterio de qué es y sobre qué trata, como si se concibe de manera unívoca como ciencia (positivista) o pensamiento crítico. Por el momento cabe reconocer que la Filosofía no es solo pensamiento crítico, ella no siempre desafía el statu quo, también lo robustece y lo afianza; se desarrolla como un pensamiento organizado que estructura lógicas y modos de operar/actuar e incidir en la vida material, configura realidad y no siempre lo hace de manera crítica.
El sentido crítico que se suele adjudicar a la Filosofía es posible toda vez que coexista en
las personas un sentido autocrítico, desde el que se identifica un problema y también se
reconoce/comprende que se hace parte de él. La crítica reducida a reproches, sesgos y prejuicios, sin autocrítica, ha modelado el pensamiento de quienes aprueban las lógicas gubernamentales dominantes enclaustradas en el país y rechazan otras apuestas de gobierno.
La particular esencialización de la disciplina omite seriamente las diversas maneras y propósitos con los que se puede desarrollar. La misma historia euro-centrada de la Filosofía da cuenta de que el ejercicio filosófico no siempre logra ponernos en cuestión ni incomodarnos, incluso el uso de la pregunta no alberga siempre criticidad, no busca transformar lo establecido.
Y ello ha estado a la base de la configuración de modelos de sociedad y formas de gobierno con implicaciones-consecuencias unas veces vitales, otras veces letales. Entonces, ¿La Filosofía está por encima del bien y el mal?, ¿Con ella se puede actuar con bondad o maldad?, ¿De qué manera la búsqueda y elaboración de los saberes humanos logran despojarse de sus implicaciones y consecuencias sobre la vida propia/ajena?, y enseguida, carecer de efectos buenos, malos, éticos, políticos.
Mucho es lo que se ha inculcado que el filósofo y su quehacer no están obligados a tener
que ver con unos u otros asuntos sociales, culturales, políticos, etc., y sí, no están obligados, están arrojados a ello, por más contemplativa o abstracta que resulte una filosofía no escapa a generar algo en la realidad presente y futura de los seres humanos, ¿Qué hacemos hablando de la “Caverna de Platón”, del ser de Heidegger, del dios de Spinoza… ?

Con esto, ha de considerarse que no se trata de las intenciones, sino de las implicaciones
que devienen tras contemplar, abstraer, plantear; se trata de no mimetizarse en el relativismo, ni simplificarse en la (neo)libertad. De la misma manera cabe señalar que la Filosofía, bajo esta mirada, no se vuelve por sí misma ideología, como campo primario del saber humano se le puede hacer parte de un engranaje ideológico, como ha sucedido en la religiosidad.
En suma, las disputas o defensas de la Filosofía no necesitan estar centradas en ubicar al
ejercicio filosófico y a los/as filósofos/as más allá del bien y del mal (no son dioses/as), sino en reconocer el lugar desde el que se plantea, actúa u omite. En la historia reciente podemos evaluar la influencia de Chomsky o Habermas en decisiones éticas y políticas; la Filosofía tiene más alcance del que asumimos.
Respecto a las candidaturas presidenciales, no conviene desgastarse en defender quién sí
hace y quién no hace Filosofía al plantear sus propuestas de gobierno, o sostenerlas en los
medios; lo urgente es reconocer las implicaciones y consecuencias de sus planteamientos, para luego determinar (en clave filosófica y yendo a la raíz) si el fin justifica los medios. Quizá la idea de “buena” o “mala” filosofía, no se centre en el excelso tecnicismo de esta, sino en lo que provoca.
Doctrina
Está fundamentada por ideas y principios que de manera colectiva las personas asumen
como verdad, puede ser de carácter militar, religioso, filosófico o político, por ejemplo. A partir de esa verdad las personas piensan y actúan tanto en los entornos más íntimos como en los sociales.
Funcionando como un sistema de creencias, la doctrina requiere de una figura de autoridad que la dicte, a la vez que ser enseñada para modelar a las personas con el fin de que todas piensen/actúen bajo las mismas ideas/principios, y no da lugar a que desde adentro se
cuestione dicho sistema.
A pesar de que la Constitución Política de 1991 establece un “Estado Social de Derecho” enfocado en el pluralismo y la libertad de consciencia, y en el que no se permite el adoctrinamiento, en las esferas gubernamental y cotidiana se han arraigado ideas como la del “enemigo interno” o el “monstruo comunista”, las cuales han contribuido, por un lado, a fundar la Doctrina de Seguridad Democrática, y, por otro lado, a naturalizar la tendencia del rechazo a la izquierda; un rechazo que, cuando no reduce el ser y hacer de las izquierdas a la militancia armada, trivializa y ridiculiza sus luchas organizadas tiñéndolas de “capricho”/actitud infantil.

Esto, ha tenido implicaciones y consecuencias a lo largo del tiempo para la organización sindical de las/os docentes colombianas/os, siendo a quienes más se les ha querido adjudicar “adoctrinamiento” de izquierda en el país. Así, lo que supondría ser un ejercicio crítico frente a todo viso de fanatismo, partidismo u odio irracional por motivos políticos, deviene en sesgo por ideología, una criticidad tergiversada y adaptada para emanar reproche a la diferencia que no conviene con los discursos y doctrinas oficiales/dominantes.
Aulas plurales: diferencia e ¿imparcialidad?
Bajo lo estipulado constitucionalmente la educación pública, en un Estado laico como el colombiano, debe ser “neutral” y darse en el marco de “las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra”, y como garante del pluralismo como principio fundamental (cabe estudiar con cautela los niveles de literalidad o interpretación con los que hemos leído-ejercido los derechos y deberes al respecto).
Así, se promueve que en las aulas los procesos educativos acojan la diversidad (de credos
religiosos y opiniones políticas/filosóficas) y eviten la promulgación directa (e indirecta) de
cualquier doctrina. Con esto se ha sostenido la exigencia a las/os docentes (principalmente a las/os sindicalizadas/os) del sector educativo oficial de “no adoctrinar”.
Pero también se ha dado paso a posicionamientos “imparciales” ante la historia sociopolítica del país, y a la tolerancia de discursos de odio como si se tratara de tolerar la diferencia por la diferencia.

Respecto a esto, no debemos olvidar que en muchas aulas del país la historia del conflicto armado, por ejemplo, se ha contado a medias y de forma sesgada ¿Qué se ha omitido de esa historia en la enseñanza?, ¿Cuál es el relato histórico dominante/oficial de la violencia en el país?, y, ¿Cómo se ha mantenido la idea del “enemigo interno” o el “monstruo comunista”, que hoy tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales enarbolan diversas generaciones de colombianas/os?
Un asunto sin fecha de caducidad
Que no pase desapercibida la extensión de cada una de las propuestas de mandato presidencial, 3 vs. 433 páginas son un insumo diciente de las formas de gobierno que disputan no solo un título institucional con incidencia internacional, sino la vida en Colombia, su precarización o su dignificación.
¿Antes nos hemos percatado de la Filosofía en la cotidianidad o la gobernanza?: muchos/as no, más allá de concebirle como “una materia aburrida” (lo cual es pertinente atender con buena disposición didáctica), existe la idea de que pertenece a un mundo desconocido o a una historia pasada; aun así, se mantiene viva en estudios personalizados y especializados de las clases altas de los países donde buscan eliminarla.
Por lo pronto, la Filosofía con posición política o politiquera, no es neutral; esto no termina aquí donde acaban las líneas, ni al pasar la segunda vuelta.
Mesografía
Centro Democrático. (s.f). Paloma Valencia Laserna. [Sitio web].
https://www.centrodemocratico.com/congresistas/paloma-valencia-laserna_23873
Cepeda, I. (2026). Programa de gobierno 2026-2030.
https://es.slideshare.net/slideshow/programa-de-gobierno-ivan-cepeda-2026-
2030/286501646
Congreso de la República de Colombia. (s.f). Iván Cepeda Castro. [Sitio Web].
https://www.senado.gov.co/index.php/component/sppagebuilder/? view=page&id=1858
Oviedo, J. & Valencia, P. (2026). Plan de Gobierno.
https://palomavalencia.com/images/documentos/Plan%20Integrado%20de%20Gobierno%20Final_compressed.pdf


