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Educar hoy es una tarea de titanes

(Volver al aula parte 2)

No hay una época de la historia de la humanidad tan adversa para ser maestro como esta.

Después de haber fungido 7 años como integrante de la junta directiva de la ADE y 2 años como secretario de educación del departamento del Magdalena, no puedo decir que el retorno a clase sea fácil. Ha sido un ejercicio de reacomodamiento de rutinas, ritos y, lastimosamente, en Bogotá, de un disciplinamiento del cuerpo y la mente, pero de eso hablaremos en otra columna.

Ahora quiero centrarme en el título de este escrito y poder desarrollar los elementos necesarios para que el lector o lectora —ojalá, colega— pueda entrar en una conversación necesaria y urgente en la educación pública: educar hoy es una tarea de titanes.

Enunciaré brevemente algunos elementos que le darán soporte a la idea central del texto desde una mirada personal e íntima de la labor docente, empezando por enfrentar diariamente el síndrome de abstinencia de los estudiantes, la hostilidad de los padres y madres de familia, la burocratización del ejercicio diario, la falta de condiciones dignas y la matriz mediática para privatizar la educación pública.

El síndrome de abstinencia

Entrar al aula de clase hoy inicia con una instrucción sencilla: “chicos y chicas, por favor, suspender actividades con su celular y sus accesorios” (audífonos, relojes). La primera reacción de los estudiantes es de gestos de desagrado, casi de odio contra el que está dando la instrucción. No es fácil. Son una, dos y hasta tres veces la indicación para que la cumplan. Por lo general, los más adictos dejan el audífono, mantienen el celular oculto de alguna manera para poderlo revisar e inicia el sufrimiento para ellos y para uno.

Acá me detengo en algo esencial: la clase puede ser buena, con ayudas tecnológicas, innovadora o tradicional, no importa, nada los satisface mientras que su mente está concentrada 100% en la necesidad de volver a la pantalla. ¿A ver qué?, les pregunté. Sin demora me contestaron: no importa, lo que salga, ahí vamos viendo, profe.

«El teléfono me consume». Imagen de Pixabay

Recordé rápidamente lo difícil que es para muchos adultos —entre los que me incluyo— poder dejar de un lado el aparato. Es diferente, —me mentía interiormente—, yo tengo que contestarle a los profes que necesitan mi ayuda en el sindicato o al gobernador en el Magdalena.

También teníamos excusas para poder esconder nuestra adicción, con la máxima de que somos los adultos, así que en el ritual diario yo también me encuentro en un ejercicio de desintoxicación y dejo como ejemplo mi móvil en la mesa, fundamentalmente porque los valores y virtudes también se desarrollan con la repetición y el ejemplo. Aun así, aún no lo logramos, siempre uno o dos quebrantan el acuerdo inicial de clases frente al uso del aparato.

No los culpo, los entiendo, si es difícil para los adultos no me imagino cómo sufren en esos minutos, se les ve en el rostro la necesidad de mirar la única cosa que les da satisfacción, les sudan las manos, no pueden quedarse quietos, se les dificulta concentrarse, pareciera que les doliera pensar. Por ejemplo, frente a una pregunta: «¿cuánto demora la luz del sol en llegar al planeta?», un estudiante me contestó que 8 minutos. Le dije que muy bien, explícanos, ¿por qué? “No sé, profe, lo vi en un documental”.

Y, a pesar de que les di la información necesaria, la distancia entre el sol y la Tierra, la velocidad de la luz, expliqué el contexto de cada una, lo graficamos en el tablero. Aun así, muy pocos logran hacer la operación matemática, sobre todo porque no practican la división y menos de números tan grandes.

Desde que un rayo de Sol sale en dirección a nuestro planeta, tarda aproximadamente 8 minutos y 20 segundos en llegar a la Tierra. Imagen de https://www.meteorologiaenred.com/distancia-de-la-tierra-al-sol.html

He visto adultos que con el uso del celular han olvidado dividir, lo que podría encuadrar dentro del analfabetismo por desuso. No era momento de recriminar, era momento de parar y recordar la división, ¿pero para qué? Si mañana lo han de olvidar con la pantalla en la mano, decía en mis adentros, como el relato de Sísifo o como me dijo mi estudiante de sexto grado cuando terminamos clase y pregunté: ¿chicos, qué aprendimos hoy? Me contestó categóricamente: “Nada profe, no aprendimos nada”. En 20 años de carrera nunca había escuchado esa frase, casi me manda para el psiquiatra de no ser porque me dijo que estaba bromeando.

Así pues, más temprano que tarde los estudiantes vuelven a sus pantallas en cualquier momento de la jornada escolar, es increíble la quietud, la concentración y el interés con el que quedan enganchados. La imagen es como un grupo de zombis, los más peques con juegos en línea, los más grandes con redes sociales o viceversa, pero, como toda adicción, trae consecuencias negativas.

Muchos entran al mundo virtual a sufrir los comentarios y el desprecio que enmarca la crueldad artificial que se ha construido alrededor de una etapa del desarrollo psicosocial y físico tan compleja como la adolescencia —de la que adolece—, sobre todo de la atención y acompañamiento de sus seres queridos.

La hostilidad de los padres, madres o cuidadores

El congresista más votado en las últimas elecciones hizo campaña enlodando hasta el cansancio la educación pública y sus docentes. No es algo nuevo para el magisterio, llevamos 30 años continuos con esa consigna, es un plan orquestado para quitarle a la educación pública el apoyo de los padres y madres de familia.

Estos últimos son actores fundamentales en la construcción del sistema público. No podemos olvidar que la mayoría de las escuelas que existen hoy fueron construidas gracias a la organización popular que, con bazares y mingas, recolectaba los recursos para levantar paredes y baterías de baños, con un terreno donado, para después ir a la confrontación con la entidad territorial para lograr que un docente fuera designado en ese lugar, fruto de la lucha popular.

Es una historia que quiere ser borrada en el marco de las nuevas construcciones o remodelaciones, donde el Estado —desde hace muy poco— viene dignificando las condiciones de los niños, niñas y jóvenes más pobres que son los que acceden a la educación pública, el camino es largo pero no será inmediato, y esta será exitosa cuando logremos romper esa fractura social que ya algunos investigadores han llamado el «apartheid educativo».

Educación rural en Colombia. Imagen tomada de: https://agronegocios.uniandes.edu.co/2019/04/la-educacion-un-grave-problema-de-la-ruralidad-colombiana/

Con la desarticulación de la participación de padres y madres de familia en la escuela, la semilla del odio contra el magisterio estaba sembrada, las cosas son de esa dimensión. No hay un movimiento magisterial en América Latina que sobreviva sin el apoyo de la comunidad. no olvidamos que los docentes que participaron en la “Marcha del Hambre” eran vitoreados y aplaudidos por cada población por donde llegaban.

Pero ¿qué tiene que ver eso con el acto pedagógico cotidiano? Pues todo, porque la matriz mediática ha sido desarrollada: el maestro o maestra pública es malo, gana mucho, tiene muchos días de vacaciones y se la pasa en paro. (Lo desarrollaremos en el último apartado).

Con ese imaginario, los padres y madres de familia anhelan que la privatización llegue rápidamente para poder matricular a sus hijos en colegios de garaje con los famosos bonos que proponen la ultraderecha, modelo que ya fracasó en Chile; a saber, al masificar el modelo, los escenarios controlados que manejan, por ejemplo, las concesiones se desbordan y no tienen otro camino que reconocer que los resultados de los colegios públicos dependen de mucho más que de la escuela y el maestro.

Si bien hay padres y madres muy comprometidos con sus hijos e hijas y sus pautas de crianza, lo que permite que el proceso educativo avance de manera armónica y complementaria, un sector mayoritario de los responsables de nuestra niñez no asume su rol y compromiso en su proceso educativo, cada uno tiene su propia historia, personas que asumen la paternidad y maternidad muy jóvenes, con familias sin redes de apoyo, más que señalar a las familias mal llamadas disfuncionales o monoparentales, lo que encontramos es hogares que no viven sino sobreviven a las vicisitudes diarias.

Fotografía: Marcha del Hambre (1966). Sindicato de maestros y trabajadores de la Educación de Boyacá. Sindimaestros

Sin el seguimiento en casa, sin el acceso al capital cultural necesario para complementar las clases, sin los hábitos necesarios para desarrollar las habilidades mentales y físicas necesarias para la existencia, la escuela tiende a fracasar. Los padres han optado por la ruta fácil, entregar la pantalla para reducir la niñez y la juventud a la alienación del mundo virtual, se ha abdicado a la crianza para dejarlo todo en manos de los CEO de Silicon Valley.

Se suma a este cóctel explosivo la sobreprotección a los menores y la agresividad de un grupo de acudientes contra los y las docentes, todos los días crecen en las escuelas los casos de agresión verbal y física, la matriz mediática que ha construido el relato de enemigos sigue influyendo en las actitudes desfavorables que los acudientes tienen de los y las docentes.

No es de poca monta que la situación de traslados por amenaza en las zonas urbanas por grupos armados organizados en contra de docentes activistas fuera desplazada para darle paso a la delincuencia común, redes de delincuencia del barrio, así como de padres y madres que ponen en peligro la salud física y mental del cuerpo magisterial. En conclusión, quienes deberían ser el apoyo de los docentes en el proceso de formación han terminado atacándonos.

Todo esto se complementa con la proliferación de escuelas tradicionales de élite y la eliminación de las pantallas de los niños, niñas y jóvenes de la burguesía, saben que el bien más preciado en el futuro inmediato será la capacidad de pensar críticamente, algo que no es fácil de formar y desarrollar.

Jornada de «Pruebas objetivas trimestrales» Colegio Técnico Tomás Rueda Vargas I.E.D (Bogotá) Noviembre de 2025.

Además, una masa ignorante será más fácil de manipular por gobernantes, pastores y patronos. Precisamente, hace un par de días en clase un estudiante cumplía 18 años, y dialogábamos sobre sus responsabilidades como mayor de edad legal en Colombia y que hacía falta retomar la conceptualización sobre ese tema desde la perspectiva de Kant y su ensayo: “¿Qué es la Ilustración?”.

Poco a poco nos adentramos en el derecho al voto y el sentido de la democracia, el estudiante de grado superior no distinguía la diferencia entre Cámara de Representantes y Senado, así que recordamos esa estructura, después pregunté si querían ser congresistas y todos, menos el representante de curso, dijeron que no, rápidamente expuse su salario, sus vacaciones y sus privilegios, así como sus responsabilidades, los estudiantes cambiaron de parecer al final de clase, y concluyeron que esas condiciones económicas y laborales por encima del resto de la población eran resultado de que ellos eran los que hacían las leyes, fácil, dijo uno, me pongo mi sueldo y mis vacaciones.

La burocratización de la labor docente

Hace poco, se realizó un paro de 24 horas del magisterio bogotano que se suma a otras movilizaciones a lo largo y ancho del país por conflictos esencialmente con las entidades territoriales, en el caso de la capital había un punto muy controversial: la presencialidad de las semanas de desarrollo institucional.

Para los que no las conocen, en Colombia las vacaciones de los estudiantes no son iguales que para los docentes, 5 semanas de esas vacaciones son para trabajo institucional de organización y formación, conocido como semanas de desarrollo institucional, Bogotá por más de 20 años realiza dos de esas cinco semanas de manera no presencial, tiempo que concuerda con vacaciones de Semana Santa y octubre. (Algo que se implementó en el Magdalena en mis dos años como secretario).

El conflicto laboral estalló cuando la secretaría de educación, de manera muy inteligente pero malintencionada, tomó un lapsus de la circular del ministerio sobre el calendario académico, esta planteaba la palabra “presencial” en esas semanas, no como una obligación sino como una opción.

Sin embargo, desde la mentalidad de los fundamentalistas del tiempo —así sea muerto, ya lo explicaré— fue la excusa perfecta para decir que este año esas semanas serían presenciales por culpa del MEN, todo con la intención de generar malestar en el cuerpo docente que abiertamente ha respaldado el gobierno nacional.

Paro del Magisterio 2015.

Esto obligó al ministerio a emitir primero un documento explicando que la presencialidad de esas dos semanas sería decisión de los gobiernos escolares, al no encontrar eco con la SED Bogotá emitió una nueva resolución que obligó de mala gana a dejar la no presencialidad, por ahora, solo en abril, y que se evaluará octubre para seguir presionando la animadversión contra el MEN.

En ese orden de ideas, la SED ordena que la reposición de tiempos para los docentes que participaron del cese de actividades para evitar el descuento se haría el día sábado posterior a la movilización, a pesar de que existía un auto del MINTRABAJO que le indicaba que no hiciera eso de manera unilateral, la SED avanzó e interpuso una tutela contra el MINTRABAJO para tumbar la decisión, entrando en una discusión jurídica frente a competencias, debido proceso, notificación y jurisdicción para modificar el calendario académico un día no laboral como el sábado. Todo eso no es sino parte de la pugna de poder entre gobierno nacional, gobierno distrital y sindicatos.

Paro del magisterio bogotano. 12 de marzo de 2026. Imagen de la ADE

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la burocratización de la labor docente? Y es que son muchas las cosas que podría enunciar —planeaciones, evaluaciones, planillas de asistencia, PIAR, observador, turnos de acompañamiento, remisiones, informes, procedimientos, evidencias, proyectos, citaciones, manual de convivencia, SIE, seguimiento al logro, pruebas censales, dirección de grupo, consejo académico, consejo directivo—, pero este caso podrá explicar por sí solo lo que significa el fundamentalismo del tiempo.

Esta secretaría viene chocando con el sindicato por el tema de la divinización de la hora de clase, como si hacer otras actividades no fueran parte de la formación en la escuela. Es así como la recuperación de las clases del maestro que protesta debe hacerse de manera inmediata y sin responder a las dinámicas territoriales y contextuales.

Esa situación no es nueva, el magisterio históricamente, para evitar los descuentos, ha recuperado actividades pedagógicas en otros espacios y tiempos, pero de un momento para acá la única respuesta de la administración es: una hora por otra hora, no importa lo que se haga en la lógica de los fundamentalistas del tiempo, no importan los niños y niñas, importa el disciplinamiento del cuerpo magisterial, infundir miedo para evitar la movilización, situación que gracias al nivel de organización pudo romperse el 12 de marzo.

Como castigo por la desobediencia magisterial, la SED ordenó que los docentes participantes realizaran clases el sábado 14 de marzo, así, sin más, que los rectores y rectoras citaran estudiantes, dieran cifras para alimentación escolar y que se llegara a las escuelas sin pensar en las ocupaciones de los padres y madres de familia.

Parece ser que las cifras no fueron muy buenas porque la SED no comunicó el éxito de la recuperación, ¿por qué? Porque fue un fracaso, los docentes respondieron que no iban el sábado y los que fueron vieron pasar el tiempo con salones vacíos, los estudiantes y sus familias tienen derecho al descanso y el tiempo libre.

Pero eso no le importó a la SED, lo hicieron porque saben que muchos docentes tienen actividades de carácter regular los sábados —estudios, deportes, citas médicas—, es decir la recuperación anunciada antes del cese de actividades no era por los niños, era para castigar al docente.

Pudieron haber aceptado días de compensación por haber ejercido el derecho al voto y/o ser jurado para no afectar otros tiempos, la orden fue que ni el día de paro y mucho menos el sábado los rectores podían aceptar esos compensatorios, a pesar de que podía ser una salida para no afectar los tiempos de los estudiantes, porque el sábado las aulas estuvieron vacías; eso se llama mala fe, revanchismo y pugna de poder, no es por los niños y niñas, es por romperle el espinazo a los docentes y sus expresiones organizativas.

Y así, son muchas de las actividades que se hacen en esas semanas de desarrollo institucional, el formato por el formato, sesiones pensadas para ocupar el tiempo, para pedagogos de escritorio que nunca han estado en el aula, llenos de teoría y de manuales para mejorar una educación que dirigen pero que nunca han vivenciado. Las escuelas necesitan, perdón, no las escuelas, el sistema educativo público necesita una reorganización urgente, incluyendo la carrera y la formación docentes, infortunadamente andamos en la escuela del siglo XIX —y no hablo de pantallas— con PEI de papel y manuales de convivencia que parecen códigos de policía, superar esa situación será la clave para mejorar en nuestros resultados con los seres humanos en formación, más que en pruebas censales.

Falta de condiciones dignas

En este punto podría fácilmente exponer las carencias de las escuelas rurales históricamente abandonadas por décadas, casi en ruinas, sin acceso a servicios públicos donde cientos de estudiantes todavía esperan baterías de baño y agua potable, al mismo tiempo que energía eléctrica y acceso a internet, pero es mejor hablar de la capital de la república que posee el músculo financiero para hacer de la ciudad un espacio real de dignificación de la escuela pública.

Si bien Bogotá D.C. ha avanzado como ninguna otra entidad territorial en construcciones escolares, no es fácil que las más de 800 sedes educativas tengan los espacios y condiciones de los megacolegios, así pues muchas sedes siguen siendo las escuelas barriales que se fusionaron a colegios más grandes para “optimizar” la dirección escolar, es fácil encontrar colegas rectores y rectoras con más de 5 sedes, tema para otra reflexión, ¿cómo las decisiones de corte neoliberal afectan directamente al sector educación?

Volviendo al tema, esas pequeñas escuelas construidas en esencia por la comunidad, con terrenos donados y reconstruidas desde la perspectiva de lo que se puede y no de lo que se quiere, no tienen comedor, restaurante, cancha o espacios verdes y mucho menos lotes para poderse extender.

En medio de estas condiciones se implementó la jornada única de manera atropellada y rápida, el objetivo fundamental de esa decisión era ocupar el tiempo libre de los estudiantes, que fue lo que efectivamente sucedió. La discusión de más o menos tiempo en la escuela viene mediada por el tipo de sociedad que tenemos, donde peligra un niño solo en el autobús, en el parque, en el museo o en la biblioteca, países donde la construcción social del cuidado permite que niños y jóvenes se movilicen por sus ciudades de manera segura, disminuyendo de forma radical los largos horarios escolares para que la sociedad contribuya en la formación ciudadana y complementaria que necesitan los futuros ciudadanos, eso explica por qué en Colombia la jornada única, más que una experiencia pedagógica, es una propuesta de cuidado para que los padres y madres puedan tener más tiempo para laborar.

Acá empiezan las comparaciones con las escuelas privadas con largos horarios que integran a sus proyectos educativos escenarios reales de experimentación con el arte, el deporte, la ciencia, la tecnología y lo que llamaríamos la ciencia de lo cotidiano (talleres, electricidad, culinaria, robótica), los estudiantes aprenden a preparar sus alimentos, pintar cuadros, entrenar deportes, de por sí.

Ya la asociación de profesores de educación física ha propuesto que es urgente que todas las escuelas implementen una hora de actividad física diaria a nuestros estudiantes. Muy pocos tienen la posibilidad de ir a escuelas deportivas por fuera del horario escolar, ¡vaya sorpresa!, en una intensidad horaria de 40 horas de clase a la semana solo tienen 2 de educación física, eso quiere decir que nuestros estudiantes tendrán el 95% de clases sentados en una dura e incómoda silla.

Los dos descansos programados en las escuelas de jornada única cuando no hay patio o espacio verde se convierten en una zona de guerra por el territorio, en donde obviamente gana el más fuerte. A los fundamentalistas del tiempo no les importa esto a la hora de pensar en los derechos de los niños o las niñas, simplemente salen con sus discursos grandilocuentes sobre que el tiempo escolar es sagrado —así se pierda o no tengan condiciones—, lo que es sagrado es la vida e integridad de nuestros estudiantes, el resto se puede discutir.

Por la misma línea, más horas de estudio necesitan alimentación balanceada, son diferentes las modalidades y Bogotá ha avanzado bastante en el tema, de por sí ningún gobierno en los últimos 20 años, sin importar el espectro político al que pertenece, ha intentado debilitar el programa de alimentación escolar, que debe llegar a unos estándares que superen el refrigerio de niños pobres al refrigerio premium que contrataron para el evento de simulación de Naciones Unidas el año pasado, el escándalo fue de tal magnitud que todo el país se cuestionó si existían estudiantes de primera que no van a la escuela pública y estudiantes de segunda, ya que era evidente que los refrigerios de los primeros eran mucho mejores.

Refrigerios diferenciales entregados por la SED en SOMONU 2025. Foto del MEN

Los fundamentalistas del tiempo que también lo son del mercado y los recursos argumentaron que simplemente no podían desperdiciar los refrigerios que ya tenían asignados los estudiantes del colegio público.

Pero lo que quedó en evidencia era que había unos alimentos de mejor calidad y presentación que se les dio a los chicos del colegio privado, que se solidarizaron con sus compañeros y compañeras, lo que no hicieron los tecnócratas por miedo a una investigación en la Contraloría por detrimento patrimonial por comprar un refrigerio de más.

Y no lo digo en chiste, la administración tomó un sorbo de su propia medicina ya que andan amenazando con investigaciones si los rectores no reportan con días de anterioridad la cancelación del mismo, como si fuera tan difícil erigir un procedimiento de contingencia con el operador, que para este caso es Compensar y que tiene la experiencia para evitar cualquier desperdicio.

Además de mejorar los alimentos y su presentación, también se deben garantizar los espacios de consumo. Si bien puedo convertir el aula de clase en comedor, no es lo que nuestros niños y niñas se merecen, es como si los trabajadores de la SED en el nivel central tuvieran que consumir sus alimentos en su puesto de trabajo o como si un colegio de élite por el que estás pagando una millonada no tuviera comedor.

Hablamos de condiciones dignas, pero siempre nos toca conformarnos con improvisar creativamente para darle solución a las falencias más mínimas, infortunadamente nos acostumbramos, no por conformistas, sino porque sabemos que existe un plan orquestado para acabar con la educación pública.

Cerrando este capítulo, cabe la pena recalcar la afirmación de un candidato a la vicepresidencia que redujo la educación a buscar trabajo. Se le olvidó que fueron los fundamentalistas del mercado los que acabaron con los colegios técnicos, hoy quedan pocos y luchan por sobrevivir, la realidad es que todos los colegios deberían ser técnicos, artísticos, deportivos, culturales, científicos, todo eso se puede desarrollar, pero más allá de crear obreros obedientes, necesitamos hombres y mujeres libres, creativos, críticos.

Matriz mediática

De todo de lo que nos acusan a los docentes del sector público no hay nada más falso que seamos adoctrinadores, entiendo que a muchos no les gusta la libre cátedra, pero decir que en la escuela pública se forman los líderes más radicales de la izquierda colombiana pues no cuadra de a mucho, basta que le pregunten a la mayoría de los congresistas electos por el progresismo dónde hicieron sus estudios secundarios o universitarios para desmentir esas afirmaciones, sería interesante hacerlo.

Pero más allá de eso, hay que exponer que FECODE es el sindicato más poderoso del país y tiene 67 años de existencia, en ese lapso solo ha existido un gobierno progresista, eso es suficiente evidencia para desenmascarar estos difamadores, pero la verdad es que quienes han construido el imaginario negativo en contra de FECODE y los docentes públicos tienen como objetivo apoderarse de los recursos que gira la nación a las entidades territoriales y convertir un derecho en un negocio.

Varios elementos para tener en cuenta, el primero de ellos es que estamos en una sociedad abiertamente antisindical, la normatividad colombiana desde una perspectiva garantista permite que una empresa tenga varios sindicatos independientemente de sus afiliados —mínimo 25 trabajadores—.

Sin embargo, esto ha degenerado en un fraccionamiento del movimiento obrero que lo ha debilitado hasta la médula, con un ropaje de apertura y libertad sindical se han masificado “las empresas sindicales” que no representan los intereses de sus afiliados, sino los propios, las cifras son demoledoras: mientras que los sindicatos se multiplican los afiliados disminuyen.

Si bien los docentes públicos han creado otros sindicatos, por ejemplo, la SED Bogotá ya cuenta con más de 60, la filial de FECODE se mantiene como la mayoritaria y la que le sigue está muy lejos de alcanzar dicha representatividad.

Los sindicatos y líderes sindicales han sido perseguidos, encarcelados, torturados, desaparecidos y asesinados desde las primeras organizaciones hasta nuestros días, no es gratis la masacre de las bananeras, el exilio de Aida Abella o el asesinato de Orlando Higuita Rojas.

Acaso debemos olvidar que en la masacre del Salado la primera víctima de los paramilitares fue el profesor del pueblo, ya que el maestro carga con la representación del Estado en los lugares más remotos, toda esta historia de violencia eliminó a la dirigencia más combativa del mundo sindical, pero la ultraderecha parece —al menos en las ciudades capitales— que aprendió la lección, ahora van por la eliminación moral del cuerpo docente para lograr lo que las balas no pudieron.

Para eso están usando la agenda política de los sindicatos y la agenda del gobierno, que no tiene nada de raro que concuerden, en el pasado lo hicieron con las agendas políticas de las guerrillas, qué culpa tenía el líder sindical del Magdalena Medio de su lucha por la dignificación del trabajo y que esa consigna fuera una bandera de un grupo insurgente.

Dentro de la lógica de lucha antisubversiva desarrollada en América Latina auspiciada por los Estados Unidos, acuñaron el concepto del enemigo indeterminado para poder encuadrar cualquier líder social como insurgente, eso fue lo que vivimos en los 80, 90 y 2000 donde logramos el deshonroso primer lugar de sindicalistas asesinados en el mundo.

Con el cambio de estrategia los activistas y políticos de ultraderecha atacan sin piedad a FECODE y al magisterio, saben que con las redes sociales la batalla cultural se profundiza y se masifica, han desarrollado una cantidad de información falsa que cuando circula de manera masiva es difícil contrarrestarla.

Tanto así que sin temor puedo afirmar que la curul de Briceño se la debe a atacar la educación pública, tienen algo a su favor y es que saben aprovecharse de las debilidades del sistema desfinanciado desde la reforma al SGP, que no ha podido ser neutralizada en este momento, muy a pesar de haber aprobado una ley que indica que esos valores deben cambiar. Pero no todo es malo, después de décadas en donde los colegios recibían cada año menos ingresos para mantenimiento y gastos generales, por fin esos recursos aumentaron. —Esas son las luchas de FECODE—.

Y eso es lo que les molesta, muchos buenos rectores y rectoras han empezado a superar el abandono histórico al que condenaban sus sedes educativas por falta de recursos, se han nombrado un número significativo de docentes de primera infancia intentando cerrar la brecha más compleja del país.

Son cosas que se han venido luchando desde hace décadas y que por fin aparecen en un gobierno que ve la educación como un motor social y no como un negocio, la derecha está ávida de recursos, sienten que han perdido una batalla y pueden perder otra en un par de meses, los bonos educativos y las concesiones están cantadas como alternativa pensada para privatizar los recursos públicos, hemos podido demostrar que por lo menos en Bogotá los mejores 35 colegios públicos superan a los concesionados, aclarando que vamos por buen camino, pero las soluciones ni caerán del cielo ni cambiarán los números inmediatamente.

Estoy convencido de que en todos los espectros políticos del país hay gente decente y es con esa gente, con esos ciudadanos y ciudadanas que debemos establecer una convención, constituyente, mesa, lo que quieran, donde nos pensemos la educación pública que necesita el país, esto no puede seguir siendo letra muerta de un plan decenal o un proyecto nuevo cada cuatro años, debemos blindar un proyecto de Estado educativo para Colombia —no de gobierno—, superar las diferencias y el inmediatismo es algo que la escuela nos ha enseñado a superar.

Yesid González
Magister en Educación. Docente SED. Exsecretario de Educación del Dpto del Magdalena. Correo: [email protected]
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