Desde hace un tiempo hasta nuestros días, académicos/as en Filosofía de diversos países del mundo, incluyendo a Colombia, se encuentran de cara a los (des)ajustes educativos que retiran (parcial o completamente) su materia de los planes de estudio institucionales. Esto ha movilizado tanto a quienes se nombran filósofos puros, como a docentes en colegios y universidades, ¿El principal motor y afán?: que la materia permanezca en las aulas (sin importar de qué manera para algunos/as).
Ante esta situación, mientras para muchos/as la tarea sigue siendo sostener el misterio sobre qué es la Filosofía, otros/as nos preguntamos si su enseñanza está realmente implícita en las asignaturas que conforman los currículos educativos, o es omitida en ellos, y junto a esto, si ahora en su defensa se reclama para ella un lugar que nunca tuvo.
Palabras clave: sistema educativo; educación por competencias; defensa de la filosofía;
pensamiento crítico.
Apertura
En nuestro presente que, de manera colectiva y singular, diversas personas elevan la bandera por la defensa de la Filosofía, se hace ineludible encontrar el lugar donde esta se ha hallado y se halla en la esfera pública de la sociedad. Aunque, es posible tomar el pulso de su vitalidad en cada una de las partes que conforman el corpus social, estas líneas proponen que se atienda a los latidos filosóficos en la educación y la fuerza de su resonar en la vida diaria de los/as colombianos/as.
Pensando sobre la Alienación de las Pruebas Saber 11, el Documento 14, la enseñanza tradicional de la filosofía tradicional, y, sobre percepciones no eruditas en esta materia que se logran rastrear en la cotidianidad, la petición es preguntarnos si la Filosofía en Colombia es omnipresente o está ninguneada, más que para el sistema educativo, para sus puristas y docentes.

Esto, sin minimizar que la Crisis de la Filosofía es un asunto que atañe a diferentes países, por lo que su pertinencia e impertinencia como asignatura en las sociedades contemporáneas no han de ser abandonadas.
Junto a lo anterior se insta hacer pública, y común, una preocupación que pareciera pertenecer tan solo a las paredes de una academia que no florece en los barrios, que no recorre las trochas, que no navega en los ríos, que es ajena a las lomas y que no es cercana a toda persona: la (no)permanencia de la Filosofía en los currículos educativos.
A su vez, se propone hacerle lugar en la defensa de la Filosofía a las cuestiones sobre cómo se concibe ella en el ámbito de lo cotidiano, para reconocer qué defendemos y cómo lo defendemos.
Y, como en un camino que no lleva mucho tiempo transitándose, aparecerán a su paso preguntas abiertas ante las cuales solo la persona andante decidirá si detenerse o aventurarse a responderlas. Antes que declarar la urgencia por reivindicar esta materia en las aulas de Colombia, cabe indagar cuál es la incidencia de la academia de Filosofía de nuestro país en la noción común y política del ser/hacer de la Filosofía, y, ¿Es la Filosofía para todas las personas en Colombia?
La educación filosófica en otros países
En los últimos 15 años aproximadamente, en países latinoamericanos y europeos se ha determinado de manera normativa, por un lado, la reducción de horas para la enseñanza de la filosofía, y, por otro lado, su eliminación como materia a cursar. Por ejemplo, es el caso de España donde han experimentado la disminución en las horas de estudio de esta asignatura, como también la “insignia” de su no obligatoriedad en la educación.
México por su parte está de cara a la expulsión de materias como filosofía, lógica y ética, y el pliegue de estas a otras áreas de las humanidades; en Perú se redujo el tiempo semanal para su enseñanza; y en 2026, pese al ajuste presupuestal del gobierno de turno, Argentina se encuentra ante la desfinanciación de proyectos investigativos de filosofía.
Es de resaltar que este tipo de toma de decisiones legislativas no son ajenas a proyectos políticos particulares, que tienen aspiraciones y propósitos de gobierno propios, para los que la educación como campo de saber es un escenario de moldeamiento social y de poder.

Pero, este panorama de desaprobación y desvalorización en las esferas educativa, investigativa y de gobierno no se forjó de la nada, quizá la misma Crisis de las Humanidades lo advertía en décadas pasadas, como también el paradigma científico positivista y el sistema económico capitalista mientras se asentaban en las diversas sociedades, y posiblemente en varias situaciones, lo promovió la misma normalización de la Filosofía a lo largo del tiempo; las raíces de este problema son profundas.
Sumado a esto, en la mayoría de los países la Filosofía nunca se ha integrado como materia de estudio en los grados de primaria, propiciándose su primer encuentro oficial con los/as estudiantes hasta el bachillerato, y quedando como un área de especialización en pregrados y posgrados.
De manera que, su lugar en la educación ha sido reducido, y en adelante, se desconoce con precisión cuál es la concepción desde la que se ha impartido en clases, y si en los países aquí mencionados ha sido reconocida en el ámbito público y cotidiano como un ejercicio que podemos realizar todas las personas.
Enseñanza de la Filosofía en Colombia
En nuestro caso, esta materia se cursa de manera oficial de grado 9° a grado 11°, en la escuela llega a aparecer sin tapujos si algún/a docente le convoca como un proyecto de Filosofía para (o con) niños/as, y en ambos niveles educativos puede arribar bajo la lógica de la transversalidad. Seguidamente aparece como profesionalización en la educación superior.
Aquí, el panorama es similar al de otros países. Ahora bien, entre 2013 y 2014 a las pruebas ICFES se les realiza un ajuste en los componentes de las pruebas Saber 11, donde agrupan Lenguaje y Filosofía en la Prueba de Lectura Crítica, esta “Evalúa competencias relacionadas con la lectura de diferentes textos (continuos y discontinuos), incluyendo textos filosóficos”; cabe destacar que la Filosofía fue integrada al ICFES hacia el año 2000, solo para grado 11°.

Este ajuste, que llamaron Alienación, se dio entre varios fines para “afinar” la evaluación a los propósitos de la educación por competencias. Antes, en el año 2010, expertos/as en Filosofía plantearon al Ministerio de Educación Nacional orientaciones para la enseñanza de la filosofía en la educación media, consignadas en el Documento 14, como mayormente lo distinguimos.
En él se expone una formación filosófica para el desarrollo de competencias básicas y específicas, en correspondencia al modelo educativo colombiano, y, se defiende en buena medida la utilidad de cursar la materia en bachillerato.
Dicha formación apela por propiciar el desarrollo de la persona y su ciudadanía en los/as estudiantes, toma como referencia la tradición filosófica eurocentrada, alude a que la Filosofía es pensamiento crítico y con ello le concibe como una herramienta pertinente para otras áreas, exalta la pertinencia de la materia para acompañar la etapa adolescente, da un lugar relevante a la pregunta filosófica para el ejercicio de pensar-se a sí mismo/a y al mundo, y, propone la Enseñanza de la Filosofía basada en problemas,
Y así mismo, plantea una didáctica mediante la lectura, el análisis y el comentario de textos, y, la realización de seminarios y foros filosóficos. Además de contribuir al propósito de educar ciudadanos/as competentes, estas orientaciones evidencian el continuum de un modelo tradicional occidental de enseñanza-aprendizaje de la materia, asentado con la Normalización de la Filosofía en Colombia.

Desde esta, por un lado, se estableció el método escolástico (Lectio-Quaestio-Disputatio) para estudiar Filosofía, cuyo origen se conoce principalmente en el Medio Evo occidental; y, por otro lado, se arraigaron ideas sobre el ser filósofo y el hacer filosofía influenciadas por interpretaciones hegemónicas de la Historia de la Filosofía en Europa occidental, en las que han primado: ser un/a gran lector/a, alcanzar un estatus social, la documentación escrita de los conocimientos y blindar de cientificidad (positivista) la investigación filosófica.
Así, en el país se instauró oficialmente una enseñanza tradicional de la filosofía tradicional, que, a la luz de los problemas centrales clásicos de la Europa occidental estima, y desestima, qué, cómo, cuándo, por qué. para qué y a quién se enseñanza la materia.
La Filosofía fuera del aula
Más allá de las paredes de la institución educativa, la Filosofía es percibida con una particular opacidad: se le reconoce en la oficialidad y se le difumina en la cotidianidad. La perspectiva social sobre esta materia, su ser/hacer, oscila entre: considerar que de la Filosofía se aprenden su historia en Occidente y sus grandes referentes; la pregunta ¿Eso todavía existe?; y, asumir que la Filosofía la hacen los filósofos.
Estas percepciones no eruditas acerca de la Filosofía, como materia o profesión, son fruto de su proceso de normalización y su enseñanza oficial, en las que se genera una distancia entre muchos/as colombianos/as y su sentido, tanto en la formación profesional como en la cotidianidad.
La figura del filósofo, la inseguridad sobre de qué se encargará y, la incógnita sobre qué es y de qué trata como disciplina, influyen en que la Filosofía no tenga un lugar en la vida diaria; pero también lo hace la negación, sutil y directa, de que toda persona puede filosofar, de distintas maneras y con diversos propósitos.

De repente en este momento quien lee lleve a cuestas en este camino la incertidumbre de si entonces la Filosofía pueden desempeñarla todas las personas ¿Para qué profesionales en ella? Pero ese es un derrotero en el que no se busca, ni convoca a, caer.
La Filosofía como una facultad humana, por una parte, no es de ejercicio obligatorio, y, por otra parte, no prescinde de su especialización; que existan parteras no niega la posibilidad de que haya médicos obstetras, que existan labradores de la tierra no niega que se formen agrónomos, que existan hablantes de lenguas nativas no niega que haya personas que se formen para obtener títulos en filología.
Aquí no se pretende el reduccionismo de la Filosofía ni se promueve la suplantación de su profesión. Si las personas determinan ser profesionales en Filosofía lo deberían poder hacer, si se quieren acercar a ella como quien desea conocer un poco sobre la importancia de hacer calentamiento físico, cultivar floración para aportar a la polinización de ciertas especies animales, separar residuos para contribuir al cuidado del medio ambiente ¿Habría razones para negárselo?
Camino inacabado
Antes de terminar el texto, la Filosofía como instrumento ¿Qué hace?, ¿Se reduce a pensar críticamente y preguntar?, ¿Esta disciplina es esencialmente crítica?, y, acaso no se hace también desde la ¿Contemplación e hipótesis? En este sentido, ¿Para qué modelo de sociedad colombiana se enseña, o deja de enseñar, la materia?, y, ¿El modelo de formación filosófica para el desarrollo de competencias ha permitido realmente que las generaciones educadas con él respondan al mundo actual?, no solo en clave de servir al sistema económico dominante, sino de implicarse en las situaciones políticas, sociales, emocionales, ambientales, etc., que nos atañen.
En esta misma línea, el dualismo cartesiano sigue incidiendo, permanece el exceso de objetividad ¿Y lo subjetivo?, ¿Hay lugar oficial y normalizado para el sentipensar?, o, ¿Espacio de sentir para pensar?
Es sabido que muchos/as colegas han dispuesto sus aulas y planeaciones para propiciar espacios otros de enseñanza-aprendizaje de la Filosofía, pero ello ha constituido más una disputa que un proceso de normalización, donde la autoridad intelectual, ubicada en el lugar hegemónico, mantiene el poder de la financiación, la proyección, el saber y el margen de acción.

Frente a esto, ¿La defensa de la Filosofía es una lucha de unos pocos, ajena a las demandas comunes de la población?, y, ¿Llegaría a ser una lucha de clases? Por último, muchas veces en nuestra enseñanza no solemos determinar qué es ni cómo se hace la Filosofía, pues nos hemos enfocado en ser historiadores/as de la disciplina, y a lo sumo, rastreadores/as de tesis y argumentos con los que brindamos uno que otro parafraseo o ejemplo.
Con esto, ¿A los/as estudiantes les queda claro en su aprendizaje qué métodos filosóficos, o formas de hacer Filosofía, estudian? Es cierto que la Filosofía está en riesgo, pero velar por su permanencia (como pensamiento crítico) en las aulas desde lógicas acríticas del educar para sostener el sistema económico dominante, no es la solución más sensata en el tiempo en el que vivimos.
Por lo pronto, cabe recordar que la Filosofía es humana y que a filosofar se aprende filosofando.
Bibliografía
ICFES. (2013). Consolidación de un Sistema Nacional de Evaluación Estandarizada: Alienación de la Prueba Saber 11. MEN.
Ministerio de Educación Nacional. (2010). Documento 14. Orientaciones pedagógicas para la filosofía en Educación Media. Bogotá, MEN.


